Cuando las palabras tardan en aparecer

Desde su nacimiento, un niño o niña está siendo cautelosamente vigilado en los hitos de su desarrollo. Día a día, los adultos a su alrededor van tomando nota de cada destreza que va dominando: seguir objetos con la mirada, sus primeras sonrisas, el comienzo del gateo y así, sucesivamente. Cerca del primer cumpleaños, se espera que aparezca la primera palabra con intención. A veces ocurre un poco antes (10 meses) o incluso un poco después (14 meses). Pero una vez que aparece la primera palabra, se inicia un viaje en ascenso: el vocabulario va creciendo cada vez más velozmente, permitiendo que luego de combinar palabras, aparezcan las oraciones y sin darnos cuenta, estemos frente a un elocuente peque que nos narra historias y cuenta lo que ha ocurrido mientras no estabas. Pero, ¿qué pasa cuando esto no ocurre? Muchas familias experimentan preocupación al ver que su niño tiene poco más de un año y no usa palabras. O que su hija ya al año y medio parece comprender todo lo que escucha pero no se anima a hablar. En estos casos, los consejos del entorno no demoran en aparecer: “no te preocupes, ya hablará”, “quizás no escucha”, “es que seguro es muy regalón”, “eso es porque tu le das todo cuando apunta”, y un sinfín de ejemplos más que podemos añadir a la lista. Mi recomendación para las familias es siempre consultar con un especialista en comunicación infantil. Las razones por las que un niño o una niña tarda en comenzar a hablar son muy variadas. Para tener certezas hay que despejar variables y ello se logra con una evaluación oportuna. Esa siempre nos entregará tranquilidad y una orientación respecto a los pasos a seguir, pues cada necesidad de apoyo es específica e individual. Pensemos en el siguiente caso: un niño de 2 años presenta súbitamente fiebre. Sus padres han hecho lo necesario para bajarla pero pasan los días y no mejora. Si alguien te aconsejara “no te preocupes, ya bajará”, ¿te querías realmente tranquilo con esa recomendación? Pues bien, si no arriesgamos la salud física de los niños y niñas, tampoco tomemos riesgos en su neurodesarrollo. Las acciones oportunas solo suman, jamás restan.

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